por María Cristina Berçaitz, para Editorial Algazul.
Por Tomás José Riva
Editorial Algazul / 160 páginas.
Casi está demás decirlo: Riva es un poeta que se tiene por tal, de alguna manera un poeta dionisíaco, sin bien este rasgo de intensidad se enmascara en él tras la sentenciosa bonhomía del hombre no propiamente urbano. Para empezar, no le tiene miedo a las palabras: las trae, las amansa, las acomoda, busca su sentido y su armonía, se detiene a aleccionarlas un poco en juego y un poco en serio, y después las modula, la atención puesta en cadencias, en aliteraciones, en asonancias. Y tampoco le tiene miedo a los temas. Con cierta impavidez inusual recuerda el pasado pueblerino -Cañuelas- y el pasado patrio, con el tono de una sosegada conversación sostenida en un patio, en el patio de una casa vieja y confortable en la que posiblemente se ha vivido desde siempre.
Casi está demás decirlo, porque pareciera que esos ritos, esta suerte de placidez virgiliana, corresponden de por sí a los poetas o -si se prefiere- a la poesía, y que se repetirían, por lo tanto, en todo lugar en que ellos, o ella, sean convocados. Sin embargo sabemos que no es así y en esa primordial oposición subjetiva reside el sencillo encanto que emana de este libro, ajeno a la quejumbre y al lloriqueo egolátrico. Por ese camino, el presumible cauteloso Riva de pronto llega a ser audaz, seguramente sin proponérselo y su poesía adquiere un tono bello y revulsivo y asimismo extraño, como la de un un paradójico Whitman del ocaso, a ratos con los ojos hacia adentro: Cual río fluyente que pasa / y que pasa / ser el mismo / y otro / -como mi esperanza-…; y a ratos desde la conciencia que atisba la hermosura del desencanto: Busco la manera de decir / que hay algo / dentro de mi cuerpo / dentro de mi alma / que quiere soltarme.
periodista Sánchez Zinny.
por María Angélica Merele de Masramón, en ocasión de V Encuentro de Gente de Letras, Buenos Aires, 2001.
“Escribo para no morir de tristeza
en este país desdichado”
Ernesto Sábato
En este presente que transcurrimos nos parece acertado el epígrafe escanciado por Sábato que estimamos constituye la realidad de muchos de los aquí presentes. Bástenos una fugaz mirada al mundo que nos circunda. “La lista de los casos de violencia urbana es prácticamente infinita. Alimenta un sentimiento de inseguridad colectiva que se ha convertido en una pasión: la pasión del miedo como (des) organización de la relación con el espacio público”. Argumenta Beatriz Sarlo, ([1])incertidumbre hoy acrecentada.
En los recuerdos del pasado reciente los años de la dictadura donde se vivió la paradoja de la hesitación jurídica con una tasa muy baja de crímenes urbanos en tanto la dictadura asesinaba por decenas de miles, las ciudades se encontraban ordenadas por el estado despótico.
El dato más complejo es la atenuación de la idea de pertenencia a una sociedad a la que el estado ha dejado de brindarle la seguridad que le toca garantizar. Los artífices de la palabra no escapamos a esta objetividad pero legamos a los especialistas concordar estas cuestiones, no obstante nuestro verbo, nuestras convicciones, nuestra reprobación conforman un compromiso frente a esta penosa circunstancia.
La crisis económica desencadena la social y el miedo o las fobias producen la incertidumbre en presencia del ignoto rumbo de las causales de sucesos no registrados en pretéritos cercanos. Suceden los estallidos de las masas, la mayoría de la población padece stress, insomnio, gastritis, entre otras enfermedades y con preeminencia fobias, neurosis fóbica, miedo, angustia, agorafobia.
Acotamos al respecto de este último vocablo, que tanta vigencia adquiere en estos días, que ya en 1906 Th. Robot aseveraba: “Muchos alienistas han descrito recientemente bajo los nombres de horror del espacio, miedo de las plazas (Platzangts), agorafobia, una ansiedad que paraliza la voluntad…”([2])
Aportamos las expresiones de destacados escritores referidas a sus miedos: G. García Márquez, le tiene terror a la oscuridad, “Nunca duermo solo en una casa a oscuras, y si no puedo evitarlo, dejo todas las luces prendidas”. Bioy Casares razonaba: “ahora me llevo bien con la noche pero cuando era chico, precisamente porque era la hora que mis padres salían, me resultaba fantasmagórica, llena de engendros y de sombras que me atormentaban” cuando grande “alguna vez debí haber sentido temor, pero no soy un hombre temeroso”, por su parte Sábato declara “he vivido con amenazas espantosas y siempre anduve solo por la calle, sin guardaespaldas ¿para qué? Como soy medio fatalista pienso que si algo tiene que sucederme, sucederá”.
Focalizamos ahora los personajes de los cuentos de “3x6+3” ([3])de María Cristina Berçaitz y rescatamos los momentos de miedo, duda e incertidumbre. Decimos momentos porque no son abundantes las situaciones o los tiempos en los que se dan. Cada una de las criaturas de María Cristina, homólogos de su personalidad, enfrentan y resuelven los problemas con decisión y entereza. Inserto palabras de la autora “… no tienen demasiados temores, aceptan de la vida lo que la vida les da, a veces apretando los dientes y, si no encuentran salida, optan por huir mediante
el suicidio, a veces más respetable que una vida oprobiosa”.
Al concretar una prolepsis del libro en “3 cuentos dramáticamente ciertos” el que lleva por título “Quizás en otra vida” encontramos a los protagonistas en un bar frente a la playa y ella, Lisa que había llegado allí decidida a concluir su relación con Fabián, “sin embargo, al ver recortarse su figura en la puerta, titubeó”. Constituye éste el primer instante de indecisión, luego cuando él responde que ama a su mujer y acto seguido expresa contigo “Es distinto” se ve invadida por la incertidumbre. “Nunca se le ocurrió pensar que él amara a su mujer, siempre había creído que estaba a su lado por deber, por hombría de bien, porque era a ella, a “su Lisa” a quien en realidad amaba, ahora resultaba que ella era tan sólo la otra, la que estaba a mano”.
El diálogo prosigue áspero –Tenía terror que se largara a llorar”, ella llora pero enjuga sus lágrimas y piensa que él no las merece. Menos tensos son los segundos siguientes en los que el hombre realiza un vano intento pro no perderla hasta que exacerbados los ánimos él declara “No puedo, antes que vivir con vos me pego un tiro”. No desharía su familia por ella a pesar de quererla, entonces Lisa pronunció su “adiós definitivo” en estas dos palabras está contenida la presunción del epílogo. El viaje de regreso, cada uno en su automóvil. El primer impulso de Fabián por seguirla, las reflexiones de ambos en el largo camino, las lágrimas en los ojos del hombre; el regreso a su casa, las dudas de si Lisa estuviera con otro hombre como lo gritara antes de marcharse, la salida otra vez hacia la ruta para llamarla y dejarle el mensaje enunciando que no se separaría. Viró su automóvil para seguir hacia “su destino” , el micro de pasajeros saliendo del parador le impide ver el coche que venía de frente, el impacto fue inevitable, se “adivinaron mutuamente, ella enjugó sus lágrimas y él olvidó su dolor, quizás en otra vida pudieran estar juntos”. La autora lleva al máximum los miedos, adquieren la forma de terror. Los personajes se detienen en indecisiones e incertidumbres. El desenlace coincide con lo expresado ut supra por María Cristina cuando refiere es preferible un suicidio digno a una vida oprobiosa.
En la cuarta parte del volumen “3 cuentos del mañana” en “El clon” el científico, personaje principal, sostiene “Me horroriza oírte hablar con tanta frialdad. Esta investigación debe salir a la luz. Mi nombre, nuestro nombre, estará en letras de molde y todo será para beneficio de la humanidad” y su creación, ese éxito sapiencial, el ser uno en dos le replicó “No me interesa la humanidad ni los valores de ningún tipo. Además, hoy los valores han cambiado, no son los mismos que en tu época, lograré que “mi nombre” esté en letras de molde por otros medios”. Así íbase dando cuenta el sabio que su hombre de laboratorio no respondía a sus esfuerzos ni a sus anhelos. Contemplándolo tan joven y bello evocó su mocedad “y sin embargo en cierta forma lo amaba, pero, por sobre todo, le temía”. Próximo el fin de la trama, el anciano comunica a su colega y colaborador del engendro “Hemos creado un monstruo… Hemos dado vida a un ser sin alma… Debemos destruirlo”. La respuesta fue una rotunda negativa. Después de algunas disquisiciones y de “que “su hijo” debe ser instruido en la ética y la moral para que estas virtudes afloren” el
remate final “…su clon tiene muchas cosas que brindarle a la humanidad, en cambio, a usted sólo le queda esperar la muerte” a lo que el sabio repuso “tiene razón, mintió, debo estar en un error” y esperó… esperó la muerte. En sus exequias el clon “…recibía las condolencias y las palabras de rutina. Sabía y todos a su alrededor también que un gran futuro se abría ante él”.
Con habilidad, María Cristina, pinta el horror, el temor, la desesperación del sabio. Su invento se convierte en un bumerán. El clon desea triunfar solo, sin importarle la suerte de quien le diera vida. La incertidumbre y la angustia existencial ante el problema de la vejez y de la muerte. La condena despiadada de la pluralidad de la sociedad que considera a los mayores como objetos desechables.
Oportuno es recordar cómo se valoraba y se cuidaba a los “Gerentes” en la antigua Grecia.
En el ítem 5, “3 cuentos ligeramente eróticos” el que se denomina “Adiós, Amalia, adiós”
se desenvuelve en el ámbito de una pensión, muestra el modus vivendi de los moradores. El último en arribar, Leandro el que “…tímidamente saludaba a todos, se sentaba y comía en silencio”. (p.96)
con el paso de los días fue integrándose con los demás jóvenes. A veces Amalia no estaba y la dueña de la pensión le llevaba la comida a la habitación. “La tísica” la llamaban sus camaradas y el “temió por su vida”. Se enamoró de ella ignorando que ese amor representaría su fin. El joven pusilánime
la amó sin mensurar las consecuencias.
Bajo este mismo rótulo, cuentos eróticos, “La asistente del doctor”, aquí la escritora nos conduce por los laberintos psicológicos de los asistentes a las sesiones de sexología y las barreras físicas o psíquicas de los pacientes a quien por orden del médico y comos asistente, Camila, debía lograr que superen y, que conocía por ser alumna del profesional en la cátedra de sexología. Ella tímida, tenía que ayudar a vencer la timidez de quienes concurrían a la terapia. El médico la instruía sobre cómo actuar y ella sufría, temblaba, enrojecía. Después de la primera entrevista recibió las felicitaciones del facultativo por su desempeño. En otra clase él le instó “…muy bien, aleje el miedo, cierre los ojos…”. Y así se sucedieron clases, sesiones y llegó el momento de la entrevista definitiva con su paciente… Ellos habían vencido sus temores, ella la ayudante no, pese a sus treinta años no había “sido iniciada aún”.
En la serie 6, “3 cuentos de amor, de muerte y de otros lares”, en “La leyenda de la princesa de Lamu” leemos “…se internaron en el continente y atraparon a gente de pueblos pacíficos y temerosos, y los llevaron consigo” así los necesitaban tímidos, sumisos, condiciones sine qua non y paradigma de buenos servidores. “En medio de la lluvia que arreciaba y de los truenos que hacían al hombre ocultarse temeroso surgió un gran resplandor…” aquí los personajes sólo experimentan temor.
Algunos de los miedos, las incertidumbres, las indecisiones de los actuantes son espejo de los que padecemos la mayoría de los hombres en presencia de problemas o situaciones peregrinas, inciertas. La realidad social que nos abruma nos conduce por lamentables experiencias, intricado sendero al que nos han arrastrado dirigentes y regímenes siniestros.
Retenemos del escritor español Juan Goytisolo “En el momento en que la realidad del Apocalipsis empequeñece los guiones de ciencia –ficción de Hollywood y sus escribas, no sería oportuno evocar la visión negra y sarcástica de Kart Graus en “Los últimos días de la humanidad ” y programar desde ahora, para que los próximos siglos o quizás décadas, una evacuación general de nuestro planeta –¡o al menos de sus clases acomodadas!– a otro astro más seguro y acogedor” [4] y nosotros diremos nuestro país. Quiero epilogar parafraseando a José Saramago cuando argumenta que vivimos “en el planeta de los horrores”, para nosotros, el territorio de los horrores no obstante pedimos a la tribu de la sensibilidad para que reaccionemos y hagamos algo puesto que lo único que nos alienta es la fe en la palabra y la esperanza.
Y por esa fe en la palabra es que celebramos compartir encuentros como éste que nos permiten ampliar nuestro horizonte con los saberes de los homólogos y donde, además de la cordialidad, el abrazo, las manos unidas, estrechamos vínculos de sincera y perdurable amistad.
[1] Sarlo, Beatriz, “Tiempo presente”, Editorial Siglo XXI, 2001. (Fragmento en CULTURA Y NACIÓN, Clarín, Domingo 23 de setiembre de 2001)
[2] Th. Ribot, “Las enfermedades de la voluntad”, traducción de Ricardo Rubio. Madrid. Daniel Jorro, Editor. 1906… pág. 63.
[3] Todas las citas de “3x6+3) de María Cristina Bercaitz pertenecen a la primera edición año 2001. Edic. Prueba de Galera y se reconocen con números arábigos.
[4] Goytisolo, Juan, “Un refugio en el cosmos”, CLARÍN-ZONA, domingo 23 de setiembre de 2001.

RINCON GAUCHO
por Fernando Sánchez Zinny, para La Nación.
María Cristina Bercaitz recrea escenas rurales con honda sensibilidad en su libro Recuerdos, tan sólo recuerdos.
RINCON GAUCHO
por María Cristina Berçaitz, para La Nación.
De cara al cielo, una niña recrea sus impresiones frente a la inmensidad nocturna en los pagos de Giles.
RINCON GAUCHO
por María Cristina Berçaitz, para La Nación.
Los detalles simples pero intensos de una tarde transcurrida al compás de una lluvia de verano.
OSVALDO ROSSI . Buenos Aires 26/07/2007.
“Querida Cristina:
Durante el programa al que tuviste la gentileza de invitarme, evocamos a T.S.Elliot. Me acuerdo de que él, en los Cuatro Cuartetos, buscaba “aprehender el cruce / entre lo intemporal y el tiempo”.Es deir, el momento de intersección entre el objetivo de fluir el tiempo y el instante en que ese tiempo se congela en la subjetividad de nuestros recuerdos. Tu libro, “Recuerdos, tan sólo recuerdos”, logró aprehender lo que T.S. Eliot buscaba. Es un libro amable, poético, alentador si se quiere. Con amores que llenan el alma. Mis felicitaciones.”
ESTRELLA BETANCES DE PUJADAS . Escritora dominicana.
Nueva York.
“Estoy finalizando la lectura de Amanecer en África. Es fascinante. Enseña más que cualquier Atlas, pero en una forma amena en que uno se olvida de donde está y viaja. Viaja no solamente viendo y comprendiendo costumbres de pueblos y animales sino entendiendo la relación entre las personas que forman parejas y amistades…
La novela me resultó un bálsamo para los resquemores que deja la vida diaria…”.
HÉCTOR DECASTELLI . Luján. 4/03/2008.
“Me dirijo a Uds. con un profundo agradecimiento por los relatos de su libro Recuerdos, tan solo recuerdos…
El mes de enero el sol corría como fuego sobre nuestras espaldas, al mediodía me mandaba a la casa a buscar agua a la bomba con una botella de tela de arpillero la cual se mojaba para que se mantuviera fresca y una pava, negra de humo, en donde hacíamos mate cocido con galletas. Para mí, ir a la casa era una alegría, me pasaba los minutos mirando esa hermosa galería, la pileta, el galpón, los árboles, luego volvía a la realidad y otra vez al surco a luchar con las espinas del chamico que pinchaban a mis alpargatas.
Hoy después de 58 años este libro me vuelve a mí como algo compartido….
Como le dije al principio, le pido disculpas de corazón pero tenía que darle mi opinión sobre su libro, el cual es tan veraz que me parece estar viviendo una infancia en cada página. Más que el lector soy testigo de la hermosa historia…”.
MARINA PÉREZ MARTÍN . Buenos Aires. 10/07/2006.
Amanecer en África es una novela sumamente deliciosa, que atrapa al lector. Muy bien construída, amena, y sobre todo, rica e ilustrativa. A través de sus páginas todo receptor atento recoge datos, costumbres, paisajes, culturas, tan lejanas y tan antiguas.